
¿Vamos a tener que volver a los tiempos en que se juzgaba la calidad de la obra literaria por la adscripción del autor a una u otra opción política?
En este mundo en el que vivimos, cuando no es la economía, es la política el factor sustancial de análisis. Y a la literatura que la zurzan con hilo negro. ¿Es que de nuevo vamos a juzgar la obra literaria de Céline por su penosa inclinación al antisemitismo o la de Sholojov por su papel relevante en la Unión de Escritores Soviéticos?
Mo Yan es un escritor satírico que en sus primeras novelas (Sorgo rojo, Grandes pechos, amplias caderas…) ha mostrado, bajo un tinte entre nostálgico y romántico, la dureza real y emocional de la vida del campesinado chino y que en sus obras posteriores llegadas hasta nosotros (La vida y la muerte me están desgastando, La república del vino o Rana) ha narrado de manera implacable la miseria vital y moral de la burocracia china, el enchufismo y la corrupción de la vida social y, con una cercanía no exenta de compasión, la vida de las gentes en su lucha cotidiana por subsistir y desgranar sus pequeñas esperanzas en un medio de una aplastante mediocridad y falta de libertad …
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