La serpiente sin ojos de William Ospina

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El colombiano William Ospina (1954) culmina su trilogía sobre la conquista del Nuevo Mundo con La serpiente sin ojos. Después de usurpar la identidad de los colonizadores españoles en primera obra Ursúa (La otra Orilla) seguida de la claustrofobia y detallista El país de la Canela, ha vuelto a recrear palmo a palmo a los hombres y mujeres que se asomaron a ese mundo tan igual y a la vez tan diferente. Cada ser humano se dibuja en su nueva vertiente, en la tensión y el poder que la conquista otorga para enfrentarse a sus propios fantasmas, anhelos y ambiciones. Sorprende esta trilogía en un autor de poesía y ensayo, por eso nos gustaría saber en primer lugar como Ospina se convierte en narrador exuberante al cumplir los cincuenta años.

Casi no fue un propósito sino la consecuencia natural de un proceso. Después de la poesía tuve la necesidad de escribir ensayos sobre temas literarios libros y autores. El ensayo me llevó a temas históricos y politicos que cada vez tenían más una pretensión narrativa. Como si algo me empujará a la novela que no había escrito. Así comencé a escribir este relato que se fue extendiendo y dividiendo hasta abarcar estas tres obras. Por tanto no fue algo premeditado sino un paso al que el camino de la literatura me llevó.

Explicar los cambios producidos en la conquista de América supondría un esfuerzo titánico de síntesis que Ospina se atreve a esbozar en su introducción:
“Sin entender jamás esos reinos, vinieron a engendrar en su arcilla una humanidad perpleja que no puede creer en Dios pero lo necesita, que no consigue creer en la ley pero no puede vivir sin invocarla, que no consigue amar el mundo en que nació porque la herencia venía profanada y calumniada, porque el tesoro estaba saturado de maldiciones.”
Le preguntamos a Ospina qué sucedió realmente en la conquista de América para que se desbocara todo de aquella manera:

Lo que nosotros llamamos la conquista de América no es un hecho más de la historia, sino un hecho fundamental de la historia del mundo. Dos mitades del mundo que no se habías visto jamás se encontraron después de haberse desarrollado cada una por separado, dos cosmología, dos visiones, una cierta visión de la vida, de la muerte y de la civilización se produjo un choque. Cada quien llama salvaje a lo que no está acostumbrado. Repugnancias y aversiones mutuas que como no se dio un exterminio sino un mestizaje se hizo muy lento el proceso de asimilación y la síntesis del mundo patriarcal cristiano y el animista selvático. En todos los procesos de mezcla hay una continua definición de lo que se es. Esta mirada tiene como resultado la incapacidad de reconcerse en ese nuevo mundo tanto para unos como para otros. Para mí son estímulos para la imaginación.

Esos españoles llamados conquistadores le inspiran a usted unos determinados sentimientos, ¿Cuáles son?

Yo escribí estas novelas para tratar de contestarme esas preguntas ¿Qué pienso yo de estos conquistadores? Es muy fácil caer en una versión en blanco y negro, como paladines de la civilización o como genocidas horrorosos. El mundo no es tan simple, no existe el bien ni el mal como cosas encarnadas únicas monolíticas sino que hay una complejidad que nos hace imposible entender América sin el viejo mundo. No fue un mero rol ni un simple crimen. El avance de la lengua nombrando un mundo desconocido, el esfuerzo de los que abandonaron la sed de oro y de poder para construir verbalmente esos nuevos lugares, plantas y animales es algo que me atrajo mucho.

El ser humano es capaz de todo de las mayores abnegaciones y de las mayores aberraciones. Si ahora ocurriera una catástrofe planetaria lo peor que hay en nosotros nos convertiría de nuevo en bestias salvajes.

El narrador de esta obra, el mismo de las dos anteriores parece inhibirse a los actos de quienes le rodean, pasando de puntillas sobre los acontecimientos, sin embargo, llegado un momento se implica y posiciona como culpable de ocasionar una masacre. ¿En realidad no hay nadie que se salve?

Ese narrador representa a quienes en los tiempos que corren no nos sentimos ni víctimas ni victimarios, sino seres que no hacemos lo suficiente por la justicia, el orden y la civilización pero como otros tienen mayores culpas que nosotros nos sentimos cómodos en nuestra postura.

Necesitamos una mayor información sobre las responsabilidades que los nuevos desafíos nos pide. Esto exige desconfiar de los líderes y debemos asumir unas responsabilidades mínimas sobre nuestra función social. Cada quien debe participar en esa nueva sociedad y en vez de eso elegimos a quien puede pagarse las campañas publicitarias para salir elegidos. Nuestra responsabilidad con el planeta debe ir más allá de lo que el capital o los políticos exigen.

Mientras Ursúa era una novela de guerra, El país de la canela parecía más de viajes ¿En qué género encuadramos La serpiente sin ojos?

En todos los casos esa es la tendencia principal, Ursúa también es un viaje, El páis de la canela es también un viaje interior. La serpiente sin ojos es más una novela de amor, cuando Ursúa tiene todo listo para buscar esas tierras de las que ya es gobernador sin conecerlas se enamora de una mestiza y eso cambia su visión del mundo. Ya no quiere ser conquistador, no quiere aventuras distintas que estar con ella, aunque la realidad se impone y tiene que ir tras ella. Ese amor esta muy matizado por el hecho mismo de la aventura, la vecindad de la selva y el peligro de los hombre que empiezan a ver  que este guerrero como un jefe que ya les descuida al tener otros dioses (diosa) a quienes servir
siendo el amor el nudo principal de la historia y a la vez el desencadenante de la tragedia.

Sorprendentemente cuando empieza el viaje la obra está cercana a terminar ¿Cómo es esto asi?

Yo no me proponía hacer una novela de aventuras, la anterior era así ya. En este caso me interesaba menos la selva que el drama interior de estos personajes, que fueron madurando la tragedia. La lenta parálisis del capitan sin deseos de viajar, una aventura kafkiana de un guerrero que no quiere guerrear, de una aventurero que ya no quiere conquistar y de un ambicioso que ya encontró el objeto de su ambición. Todo eso se fue volviendo una metáfora del papel de la selva que los hunde en la melancolía y la locura. Esa es la locura secreta que tiene esta obra. Cuando se enfrenta a su principal enemigo, la selva, descubre la imposibilidad de la aventura.

Relato denso, profundo, untuoso y especiado de un riquísimo vocabulario, donde cada palabra y cada frase requiere una lectura reposada, masticar todas las letras para exprimir los senderos filosóficos ocultos en todas ellas. Verdaderas puertas a otros cuentos y a otras vidas, compendio de la sabiduría clásica de la época. Se construye así un libro que descubre el verdadero poder la selva, lo absolutamente magnético del amor y el abismo al que el poder empuja a quienes lo eligen como amo.

Escrito por William Ospina

William Ospina nació en Padua, Colombia, en 1954. En su carrera como poeta, ensayista y novelista, se ha hecho merecedor de diversos reconocimientos, como el Premio Nacional de Ensayo (1982), el Premio Nacional de Poesía (1992), el Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada de la Casa de las Américas (2003) y el Premio Rómulo Gallegos (2009).
La presente novela, La serpiente sin ojos, es la tercera de una trilogía sobre los primeros viajes de los europeos al Amazonas, que comenzó con Ursúa (2012) y continuó con El País de la Canela (2012).

Ficha técnica

MONDADORI

Precio: 19.90 € Páginas: 320

«[…] Nunca había estado Ursúa en mejores condiciones para emprender una aventura, más vigoroso, más dueño de su voluntad y de su lenguaje, y nunca, sin embargo, empezó a sentirse tan lejos del deseo de viajar, de iniciar campañas guerreras, de cabalgar persiguiendo sueños tras las montañas. […] Cuando ya se sentía a las puertas del tesoro soñado por años, un tesoro más inmediato y deleitable lo había envuelto en sus redes, y si estuviera todavía a su lado Juan de Castellanos, tal vez el poeta habría dicho que la guerra y el amor se estaban disputando el corazón de Ursúa, y que siendo divinidades igualmente poderosas, era comprensible que el resultado fuera una invencible inmovilidad.»
La serpiente sin ojos cierra la aclamada trilogía de William Ospina sobre la conquista de la Amazonia, que se completa con las novelas Ursúa y El país de la canela, distinguida con el Premio Rómulo Gallegos 2009.

Reseñado por Pepe Rodríguez

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