Seix Barral publica en los últimos tiempos a algunos autores contemporáneos que escriben en francés, de indudable talento y avalados por el éxito en su país y fuera de él. Así hemos podido disfrutar de las novelas de Anna Gavalda, Yasmina Reza, Muriel Barbery y también de David Foenkinos, el último en transitar precozmente la senda del favor masivo de los lectores con el consecuente éxito de ventas.
Con “La Delicadeza” (http://www.elplacerdelalectura.com/2011/05/la-delicadeza-david-foenkinos.html) consagró su meteórica carrera, apoyada todavía más por la versión cinematográfica del best seller firmada por él mismo junto a su hermano Stéphane. Ahora publica “Los Recuerdos” una novela marcada por el reto de no defraudar ante las expectativas que genera este escritor de 38 años.
“Los Recuerdos” es una novela certera, apoyada en las dotes de narrador de su autor, muy por encima de su calidad literaria, que definitivamente consolida a Foenkinos como un excepcional contador de historias. En esta ocasión aborda el recorrido emocional de un chaval con inquietudes literarias, pero falto de inspiración y también de experiencia vital suficiente para ponerse a escribir.
La novela a escribir se va completando a base de vivencias expresadas como recuerdos en primera persona que se suceden a una velocidad vertiginosa. Quizás esa sea una clave más del éxito de Foenkinos: es extremadamente prolífico en tramas que se suceden a buen ritmo, pero que sin embargo tienen el suficiente calado como para dejar poso en el lector.
Otro elemento que favorece la lectura de la novela es el recurso de intercalar sus propios recuerdos con píldoras biográficas de personajes secundarios de la novela y otros reales y célebres como Gaudí, Scott Fitzgerald, Van Cogh, Mastroianni, etc.
De la narración de la vida del protagonista, la parte más extensa es la dedicada a sus abuelos, en especial a la abuela ingresada en una residencia en contra de su voluntad. El tema está tratado con sensibilidad y un toque humanístico. Y desde luego evidencia un drama contemporáneo resuelto con aparente civismo, pero no exento de cierta crueldad: el exilio de muchos ancianos a residencias de la tercera edad en contra de su voluntad, una voluntad doblegada por hijos que tomas decisiones arbitrarias con la excusa de actuar por el bien de sus progenitores, en una especie de despotismo paternofilial. Para mi es la parte más interesante del relato, la más cruda, osada y reivindicativa, aunque aparentemente edulcorada.
En definitiva estos recuerdos constituyen una lectura amable, fácil, cálida, sentimental y el algún punto estimulante.











