El mago. Trece cuentos japoneses de Ryunosuke Akutagawa

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Siempre se ha atribuido a la literatura oriental un grado de sutileza que, por sí misma, podría justificar la lectura de un libro. Lo que equivale a decir que, una vez más, no importa tanto lo que se dice (los temas de la literatura son reiterados y eternos; lo que importa, siempre, es el hombre y su circunstancia) sino cómo se dice.

El caso de este libro me temo que responde a ese casi pre-juicio. Es tal la delicadeza en el decir, la sutileza del observador, la capacidad introspectiva del narrador que el lector pronto queda prendido de ese lenguaje que es capaz de ofrecernos, con un decir sencillo, el interior más sensible de las cosas. Por ejemplo: “A su lado permanecía de perfil una anciana elegante y refinada, con el cabello rizado formando tirabuzones, que de vez en  cuando se enjugaba una lágrima”.

Podría decirse que esto es sólo la expresión de un instante, pero también es cierto que no habrá lector indiferente que, al leer este fragmento, deje de poner algo de su parte, es decir, entre en la trama de una manera directa, algo que, en el fondo, es lo que espera todo buen escritor de su destinatario lector.

Una vez más cabría decir que no hay secretos; la buena literatura se reconoce en cualquier lengua, en cualquier cultura  (Nabokov nos invitó a reparar en ello permanentemente a través de sus propios libros). Más he aquí que, acaso los turbios tiempo estéticos que corren nos lleven, ahora, a apreciar con mayor mimo el decir sutil, cuidadoso, pues ello sirve para acompañar mejor, de una manera más cualificada, nuestra soledad: “De hecho, la presencia humana en lugar de hacerme retroceder estimulaba mi curiosidad por conocer la elegancia de los invitados y anfitriones que se congregaban a esa hora tan avanzada en lo que debería ser un suntuoso salón”.

Cada uno de estos cuentos, de distinta extensión, relata ‘un fragmento de hombre’, si bien podría decirse que “Pantano”, uno de los más breves, resulta especialmente implicador. Esto es, casi inexcusable.

Ficha técnica

Traducción del japonés: Ryukichi Terao
Prólogo y colaboración en la traducción: Ednodio
Quintero
Candaya Narrativa
188 págs.
PVP 15 €

Cuando el 24 de julio de 1927, el escritor Ryunosuke Akutagawa (1892-1927) se quedó dormido para siempre abrazado a una Biblia, tras haber ingerido una dosis letal de cianuro de potasio, estaba naciendo una de las leyendas más sólidas y perdurables de la literatura japonesa del siglo XX. Conocido en Occidente sobre todo por Rashômon (la inolvidable película de Akira Kurosawa, basada en dos cuentos suyos), en Japón existe unanimidad en considerar a Akutagawa el mayor cuentista de todos los tiempos, a la altura de los grandes maestros occidentales del género como Maupassant, Chejov o Poe. Akutagawa fue, sin duda alguna, un maestro de las formas breves, adelantándose y quizá influyendo a famosos escritores como Borges, Hemingway o Carver.
La obra de Akutagawa ha sido ampliamente difundida en todos los idiomas modernos, sin embargo, la traducción de sus escritos se ha limitado a un pequeño grupo de relatos de los casi doscientos que integran sus obras completas. De ahí la importancia y relevancia de la publicación de El mago. Trece cuentos japoneses, pues a excepción de “El mago” (nueva versión del cuento que Borges tradujo del inglés con el título de “Sennin”), los otros doce relatos, traducidos directamente del japonés, son inéditos en español.
El mayor mérito de Ryunosuke Akutagawa reside, probablemente, en su capacidad de generar emociones, derivada en parte de sus habilidades innatas como narrador y del uso de las diversas estrategias narrativas que sabía manejar como un consumado tahúr. Pero, más allá de sus capacidades técnicas, predomina su profunda sensibilidad y su magistral y a menudo dramático conocimiento de la condición humana, que le permitieron crear piezas tan sutiles y delicadas como las que el lector descubrirá en este libro.

Reseñado por Ricardo Martínez

 

http://www.ricardomartinez-conde.es/

 

 

Escrito por Ryunosuke Akutagawa

Nace el 1 de marzo de 1892 en el barrio tokiense de Irifunecho. Su vocación por la literatura es ciertamente temprana, pues ya a los diez años funda junto a un grupo de compañeros una revista donde escribe breves artículos y poemas. Lector voraz, al ingresar en la universidad se inclina por los estudios de literatura inglesa. Alucinado y genial, admirador y conocedor de la cultura occidental, y con un insuperable dominio de las literaturas japonesa y china, se dedicó básicamente al cuento, convirtiéndose en un renovador y reinventor del género. Considerado un maestro de las formas breves, en Akutagawa destacan su afán de exactitud y precisión, y sus rigurosas búsquedas formales, impregnadas de cierto humor negro y de una inquietante angustia existencial.
Su primer libro de cuentos, Rashômon (1915), contiene uno de los dos relatos que inspiraron el célebre film homónimo de Akira Kurosawa. A éste siguieron Hana (La nariz, 1916) y Jigokuhen (El biombo del infierno, 1918), entre otros, para culminar con las novelas cortas Kappa (1927), una fábula en la tradición de Jonathan Swift y Haguruma (El engranaje, 1927), una especie de testamento o relato autobiográfico, que es en esencia la premonición del suicidio de Akutagawa, acaecido ese mismo año.

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