El mundo de los prodigios – Robertson Davies

Tercera y última parte de la Trilogía de Deptford, este libro pone el broche final a la historia de los tres personajes que surgen en El quinto en discordia. En ella, el autor rinde homenaje a la parte teatral de sí mismo; «para mí, ―dice Davies por boca del personaje central, Eisengrim― el teatro era aquello que hace al espectador olvidar unas cosas y acordarse de otras, además de refrescarle las lagunas del espíritu». Davies se dedicó con pasión al teatro en los años de estancia en Inglaterra; un conocimiento profundo y una grandísima capacidad de observación son manifiestas en esta obra, donde radiografía el mundo teatral, caracterizando ―a veces con fino humor, a veces con sarcasmo feroz―los distintos personajes, los roles que cada uno sigue en una compañía teatral, en donde el protagonista, Paul Dempster (que despliega toda una gamade nombres ficticios: Magnus Eisengrim, Cass Fletcher, Jules LeGrand, Mungo Fetch, etc.) hace el papel de doble del protagonista―no por casualidad, el autor lo coloca en la obra Scaramouche, de Sabatini―Un doble invisible, odiado y marginado por el resto de la compañía. LEER MÁS


Paul Demspter, cuyo nacimiento fue precipitado por la piedra lanzada (dentro de una bola de nieve) por Boy Staunton, es requerido para contar su verdadera vida al equipo de cine que rueda una biopic sobre el padre del ilusionismo, Robert Houdin. Dempster, junto a Liesl y Ramson, forman una especie de excéntrico triángulo de vejestorios extravagantes, e intercambian sus particulares visiones de una historia que a veces es común a los tres, a veces sólo a dos, o en otros casos, solo a Paul. La relación que se establece entre el director de la película, Jurgen Lind, el mago Eisengrim (Paul) que la va a protagonizar, su amigo de la infancia Dunstan Ramsay, que documenta la parte histórica, el fotógrafo Kinghovn, el productor Roland Ingestree y Liesl, la dama del castillo Sorgenfrei, hace surgir la narración, que evocará en su parte final al fallecido Boy Staunton, tercero de los viejos compañeros de Deptford. Así, se narra la biografía de Eisengrim, paralela a la de Houdin en la película, a modo de lo que en teatro se llama subtexto: aquello que un personaje piensa y/o sabe, por oposición a lo que el dramaturgo le hace decir en escena. La conciencia de que existe eso detrás de las palabras da densidad a la interpretación del actor y subraya lo irónico de la situación.

Paralelamente, pues, al rodaje del filme, Eisengrim desgrana el relato de su vida: cómo durante diez años soporta el claustrofóbico espacio de Abdalá, el muñeco mecánico en cuyo interior, como Jonás, pasa trabajando su infancia y adolescencia, «secuestrado» tras la violación sufrida en la feria de Deptford; diez años aprendiendo ilusionismo y magia barata con el mago Willard, de pueblo en pueblo por Canadá, sobreviviendo miserablemente y humillado sexualmente por secuestrador y troupe de El mundo de los Prodigios. Esta parte se alarga mucho, detallando todas las miserias y a la vez, los pocos momentos en los que es tratado con cierta humanidad. Llegado a la veintena, Paul da el salto a Europa y comienza diversos trabajos, cada vez con un nuevo nombre, hasta recalar en Inglaterra y en un teatro, donde le eligen para hacer de doble del actor principal y dueño de la compañía. Y aquí también se extiende profusamente el autor, por boca de Dempster/Mungo, resaltando la personalidad del viejo actor, sir John Tresize y su dama, Milady, así como todo un mundo teatral destinado a desaparecer con las nuevas generaciones de actores y directores.El trabajo entre bambalinas, las relaciones entre los actores y los técnicos, la descripción de la gira por el Canadá, es todo ello muy ilustrativo. Tras los años pasados trabajando como doble, abandona Inglaterra y teatro, dedicándose a los mecanismos de relojería y recalando casualmente en Suiza, en la mansión de Sorgenfrei, para reparar un montón de juguetes mecánicos destrozados por una enfurecida y juvenil Liesl Naegeli, rica pero deforme heredera, que cae en sus brazos. Años después, se dedican ambos a crear un espectáculo de magia e ilusonismo, La Velada de las Ilusiones. Velada visitada por Boy Staunton antes de morir. Y será en una de las sesiones de ilusionismo en la que David Staunton preguntará por quién mató a su padre, mientras que Ramsay sufre un ataque al corazón. La respuesta le llega en modo críptico, para lo que David dedicará un año de análisis psicológico en Suiza, tema del segundo volumen de la trilogía, Mantícora. Y cuya pregunta sin respuesta, queda parcialmente desvelada en el final de El mundo de los prodigios.

En un momento Eisengrim/Davies afirma que «en realidad, no soy un hombre de teatro, yo soy un ilusionista». El ilusionista hace que el público se crea cosas inverosímiles, como el cineasta, que juega con la luz sobre un plano, y en cierto modo, el escritor, que inventa mundos imaginarios, a veces imposibles, pero el público puede llegar a creérselo depende la capacidad del autor para crear la ilusión de realidad. El humor, por boca de otro personaje, Ingestree, «es algo absolutamente vital para la vida misma. Es uno de los sellos distintivos de la civilización. La humanidad no sería humanidad si no fuera por el humor. El autor, ciertamente, llena sus obras de humor, un humor muy especial, a veces casi negro, sarcástico o corrosivo, pero que impregna toda la escritura.

Robertson Davies (Ontario, 1913-1995), uno de los autores canadienses más importantes, fue escritor y periodista, actor y productor teatral y profesor de Literatura. Hijo del senador William Rupert Davies, gran aficionado a la literatura, se movió siempre en ambientes literarios y teatrales. Licenciado en Literatura en Oxford, trabajó como actor en la Old Vic Repertory Company, hasta 1940, que regresó a Canadá para dedicarse al periodismo y a escribir comedias; firmaba una columna humorística con el seudónimo de Samuel Marchbanks. A partir de los años 50 produjo once novelas, organizadas en trilogías: la Trilogía Salterton: A merced de la tempestad (1951), Levadura de malicia (1954) y A Mixture of Frailties (1958); la Trilogía Deptford: El quinto en discordia (1970), Mantícora (1972) y El mundo de los prodigios (1975); la Trilogía de Cornish: Ángeles rebeldes (1981), Lo que arraiga en el hueso (1985) y La lira de Orfeo (1988); y la inacabada Trilogía de Toronto. Abandonó progresivamente el periodismo en los sesenta y comenzó a enseñar literatura en la Universidad de Toronto, actividad que compaginó con la escritura hasta su jubilación.

Ariodante

FICHA DEL LIBRO

Título: El mundo de los prodigios | Autor: Robertson Davies | Editorial: Asteroide | Traducción: Concha Cardeñoso | Páginas 480 | Precio 19,95€ | Reseñado por Ariodante

2 Comments to “El mundo de los prodigios – Robertson Davies”

  1. pufff…hay que leerlo. Magía en una novela es un gran atrayente para mi. Buena recomendación

  2. Quisiera comentar en este lugar como señal de sincero
    agradecimiento

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