Cuentan que Conrad era un auténtico pesado en sus reclamaciones económicas persistentes a su editor; que Keats era un experto economista sin alterar por ello su mundo imaginario, y le atribuyen a García Márquez aquello de que la pluma se desliza mejor con el estómago lleno. LEER MÁS
Jean Giono, por su parte, en 1911 consiguió un empleo como recadero, lo que había de ayudar a eludir las muchas penurias familiares. Algo que no tuvo necesidad de hacer, antes al contrario, Paul Morand, pues su padre “no se preocupa del dinero. Nunca a entrado en un banco y encarga todos los años el mismo traje sin probárselo, porque ‘es sutil como un Valois” Ello le supuso dedicarse con celo y brillantez a la escritura.
En fin, se dice que cuando a Torrente Ballester alguien le reprochó que su última novela, ganadora de un premio, no era de una gran altura, él le respondió que, sin embargo, su necesidad sí lo era. Tenía muchos hijos y la situación económica de su amada España no era muy brillante.
El libro se lee como una narración de aventuras –acaso, en el fondo, lo sea- y es un complemento muy oportuno para el conocimiento de una realidad tantas veces edulcorada, o sencillamente ocultada.
Ricardo Martínez
FICHA DEL LIBRO
Título: Trabajos forzados | Autor: Daria Galateria | Editorial: Impedimenta | Traducción: Félix Romeo | Páginas: 208 | Precio 18,95€ |




















